Saludos de Dharma

viernes, 8 de mayo de 2009


Me apoyé en su hombro, su espalda, su torpe nuca.

No había ninguna libertad que darme, porque esta si, era mía.

Era como yo.

Dos pechos, dos almas, tres latidos… y después el batacazo al alcance de los besos.

Y la lengua, la saliva y el viento.

Y su boca en mi boca y mi cuerpo en su cuerpo.

Allí su calor encendido, el latido y el misterio.

Y una hembra y otra hembra, dos mitades un solo cuerpo.

Sin varones, ni fronteras. Sin culpa, ni lamentos.


Mónica Martín.