Saludos de Dharma

domingo, 5 de abril de 2009

Estilo Lésbico

Por Victoria

Las lesbianas socialmente hemos sido moldeadas como cualquier hija de vecino. Y a pesar de la rebelión en grupo hemos aceptado algunos preceptos en nuestro inconsciente como por ej: las lesbianas hemos sido educadas para sufrir por amor. Condicionadas para arrastrarnos en los bares tomando tequila y escuchando canciones corta venas cuando una relación se termina. Manipuladas emocionalmente para ser destinadas una y otra vez al abandono; al punto de provocarlo inconscientemente. Y es que una verdadera lesbiana no merece ser feliz.

Fuimos creadas ser las culpables de la corrupción de pobres mujeres que cayeron en nuestras garras. Las que dejaron marido o abandonaron patrias creyendo que la salvación de su alma estaría en una cama transgresora.
Hemos sido centurias tras centuria, las víctimas de una novelita que escribieron otros. Léase familia, religión o moral. Maltratadas por las lenguas de los más sabios, por la palabra de los más académicos. Usurpadas del trono del éxito y de la felicidad.
Lesbianas: condenadas a la hoguera del heredado sufrimiento perenne.
Ese ha sido el lema. Y nos los hemos creído y continuamos cumpliendo el mandato como ley divina sin hacernos responsable de nuestra responsabilidad en ello.


Tanto, tanto lo creímos que fruncimos el ceño porque somos las duras. “Las lesbiana nunca sonreímos”- frase célebre de una activista chicana, directora del archivo lésbico de UCLA. Nos golpeamos en los bares porque tenemos poder sobre quien sea. Tomamos más alcohol que José Alfredo Jiménez porque somos más machas. Usamos el pelo corto, porque el pelo largo es de mariconas y además, quien dijo que solo los hombres pueden usar el pelo corto… “Yo soy feminista radical de las auténticas”- frase también célebre de una butch chicana activista escritora cuando el debate de cómo una butch de pelo largo no puede levantarse una femme de pelo largo mientras jugaban billar.

Cuanto más amantes tenemos más inteligente somos pero para nosotras, la infidelidad se la dejamos a las bisexuales. Ellas merecen ser desterradas de la bandera violeta, no saben lo que quieren. Son lesbianas sin asumirse como tal.
Reconocemos a nuestras pares mirando sus uñas, su corte de pantalón y si usa o no usa maquillaje. Creemos fervientemente que ser mujer no pasa por ser madre y aunque nos gusta tocarle el trasero a una mina en medio de la disco, vamos en contra del estado patriarcal machista que nos condena por no tener instinto maternal. Machos a la hoguera!
Somos absolutamente radicales y abiertas, es decir, nada de un hombre nos parece amigable a menos que lave los platos de la casa, pero nos gusta copiarle algunas líneas de su obra.
Ejemplo: todas las mujeres son iguales menos mi madre.

Y podríamos agregar algunos estereotipos más para engrosar la lista de cómo las lesbianas hemos aceptado sumisamente el rol de “pobre victimas sufridas del amor hechas a semejanza de lo que quieren que sea”. Y de cómo el levantamiento de la bandera por la igualdad de nuestros derechos, deja fuera la autocrítica y el análisis de nuestras propias mierdas. Ejemplo: nuestra responsabilidad de asumir la discriminación, los prejuicios, el abuso de poder, el papel de pobrecitas victima del patriarcado heterosexismo lesbofobico etc etc etc que tenemos dentro y volcamos contra nuestra propia comunidad lejos de asumir responsabilidad y trabajar por los verdaderos cambios. “de nada sirve cambiar las estructuras y las instituciones en tanto la naturaleza del hombre siga igual”.

Hemos sido históricamente tan bien portadas y fiel representantes de copiar lo que tanto criticamos, que nos hemos olvidado de mirar la paja en nuestro propio ojo y sacarla de él. El universo se apiade de nuestras soberbias…

1 comentario:

Pilar dijo...

El amor tiene infinitas caras y expresiones distintas. Lo importante es disfrutar de cada uno de ellos y saber vivir el momento y sacar lo mejor siempre de la otra persona. Una entrada genial.